• En busca y captura del Pokémon Go

    Buscando a Pokemon

    Lo siento. Lo reconozco. Soy consciente. Mea culpa. He estado este último mes un poco desconectada de asuntos llamémosles ‘de importancia media’, pero no por ello menos relevantes por lo que parece.

    Algunos de mis amigos, la semana pasada en una cena deliciosa al borde del mar, me lo advirtieron cuando salió un tema de moda y mostré mi desconocimiento casi total del mismo. Me dijeron textualmente: Mila, no estás informada de nada, tienes que ponerte al día.

    Nada más llegar a casa, y a pesar de que era muy tarde, toda angustiada y pesarosa de mi ignorancia supina, puse en ‘Google’ el nombre del asunto tan importante por el que mis amigos me habían tachado más o menos de ‘ignorante’.

    Y cuál sería mi sorpresa que al poner ‘Pokémon Go’, (que yo pensaba que era el pseudónimo de alguien importante) no vi salir ni a Belén Estéban, ni a Chabelita o Paquirrín, ni a ningún otro personaje de esos que se ganan el pan con el sudor de su frente, sino simplemente al ya archiconocido ‘Pokémon’ de toda la vida…

    Qué desilusión!!!. Por lo visto es lo último de lo último en juegos. Y lo que según dice es el futuro: juegos con realidad virtual

    Bueno: y para eso me tachan de ignorante!!!. Pues vaya!. Por lo visto por lo que he podido comprobar ‘in situ’, el que no sepa lo que es, es porque vive en una isla desierta o en otro planeta.

    Pero ‘Pokémon Go’ ha revolucionado por lo visto al mundo entero. Y la clave es simplemente porque tiene una variante que hasta la fecha nadie absolutamente había introducido.

    Hay que cazar bichos (en este caso todo tipo de ‘Pokémones’). Eso no es ninguna novedad. Muchos de nosotros hemos tenido hijos o hijas ‘abducido/as’ por una pantalla en donde han tenido que machacar monitos, bichitos, animalitos de toda clase y especie, obstáculos de Mario Kart y miles y miles de variedades de destruir, machacar, aniquilar.

    Y algunos de vosotros igual recordareis los muñecos de plástico de indios y vaqueros. Siempre acababan los indios aniquilados y tirados por el suelo de la habitación de nuestra casa donde se hubiera desarrollado tan sangrienta batalla.

    Pero lo que nunca habíamos visto ni sospechado, es que esos bichos a partir de ahora, hay que matarlos en la calle. Es decir, en lugar de nuestros niños y jóvenes estar en casa metidos entre cuatro paredes matando bichos, buscando minas, saltando obstáculos, ganando carreras de la champions, y además, algunos soltando palabrotas cada vez que erraban en sus hazañas. ahora todos esos niños y niñas, por lo visto pueden salir a la calle en busca y captura de todas las variantes de los bichos esos llamados ‘Pokémon’.

    Bueno, pues me enteré y creí que asunto solucionado. Era un juego en que en lugar de los niños/adolescentes/y no tan adolecentes, jugar en sus casas, salen a la calle y cazan a los bichos.

    Pues, qué queréis que os diga. Que no me parece tan mal. Encima antes de ayer leí en el periódico que si hay ‘un bicho de esos’ en un monumento importante,  igual hasta te podían poner el siglo en el que se construyó o si era un museo, una iglesia, una rambla, una avenida, un cementerio, etc, etc. 

    Yo creo que eso es bueno para los jóvenes de hoy en día: saber cultura de la ciudad en la que viven y dónde están, en cualquier momento que estén a punto de asesinar a un bicho sea del color y especie que sea; eso sí virtual.

    Pues no: por lo visto seguía tan ignorante como en mi cena al borde del mar la semana pasada.

    Los bichos esos hay que capturarlos como si fueran cromos. ¿Os acordáis queridos amigos, estos que ‘peináis canas’ como quien más quien menos, de los álbumes de cromos? No, no os creáis que me refiero a los álbumes de nuestros hijos e hijas, en los cuales se despegaba el cromo y se pegaba ipso facto en el álbum. Me refiero también a esos que había que coger el pegamento y pegarlos y que además, si no eras muy habilidoso, como yo no lo era, se te quedaban todos los dedos llenos de costras de pegamento, y las hojas del álbum llenas de churretones de pegamento.

    Ahora, la ‘realidad virtual’ ha obrado milagros. Los bichos esos, se te aparecen en los sitios menos esperados. Pero el problema es que están contados. Es decir. Os explico cómo me lo han explicado a mí.

    Hay ‘equis’ bichos (no los mismos en cada país por lo visto; en España se supone no tenemos los mismos que en EE.UU o en cualquier país de Sudamérica, o en la China, etc.). En España tenemos… por decir una cifra, 200. Y tienes que matar a esos 200. Ahí está el problema.

    Luego hay distintos niveles que aumentan la dificultad para seguir jugando pero al final la base es la misma.

    Es como los cromos. Te faltan cinco o seis… y te vuelves loco. En nuestro caso, era pidiendo a los ‘papis’ dinero para más cromos. O llevándonos los ‘repes’ al cole para cambiarlos en horas de recreo.

    Pero aquí no hay tu tía. Te tienes que recorrer toda la ciudad para encontrar ese bicho. Pero lo peor no es eso. Pues el caminar es salud. Lo peor es que al igual que hacían con los cromos de cuando éramos pequeños, hay ‘Pokémons’ fáciles y ‘Pokémons’ difíciles. Es decir, de algunos hay muy pero que muy pocos. 

    Allí está el ‘quid de la cuestión’. Por lo visto ha habido auténticas peleas que han terminado hasta con algún ojo a la virulé, por hechos tan relevantes e importantes como: ¡no me quites mi Pokémon, que es el último que me falta, tío!. En Alcudia por lo visto tuvieron que intervenir para separar a dos no tan chicos que ya habían llegado a las manos por uno de esos bichos.

    Ahora me doy cuenta de un hecho curioso y al que no había podido dar respuesta que me ocurrió también la semana pasada. Estaba yo en la terraza del Museo Es Baluard admirando el precioso paisaje que desde allí se observa, cuando con mi móvil nuevo que hace unas fotos con una resolución increíble, intentaba hacer una foto a la base de una escultura de Sirvent, de pronto se acercó un chico que no le pondría más de veinte años y me dijo: ‘No, por favor, no lo haga!!!, no lo haga!!!.... es mío!!!. 

    Me quedé perpleja y después vi que ese chico apuntaba también con su móvil al mismo sitio que yo. 
     
    No le volví a dar más vueltas, aunque tuve mis serias dudas de la cordura y sensatez del mozuelo en cuestión, porque lo de 'es mío' me dejó desconcertada.

    Y por fin lo entiendo: Lo que se creía el susodicho en cuestión, era que yo también iba en busca y captura del Pokémon que por lo visto debía estar allí mismo y además por lo visto debía ser de los 'difíciles'. Y yo sin verlo. Ojos para ver. ¿Es que tengo aspecto de ir en busca y captura de bichos?. Qué horror!. El próximo día me llevo mi cámara réflex de profesional con el objetivo más grande que tenga y hago las fotos como toca.  A mí nadie me vuelve a confundir con cazadora de nada que se mueva, sea vivo o virtual y menos, a estas alturas, de Pokémons. Faltaría más. Hasta ahí podríamos llegar!


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