• Más chulos que un ocho


    Más chulos que un ocho
    Esta entrada, escrita hace año y medio, va dedicada a quien ha sido mi gran amor, mi vida, mi todo; recordando su bonita sonrisa de aprobación cuando se la leía antes de 'colgarla'.

    Él tiene la culpa de que yo publique este modestísimo blog, con el cual disfruto tanto. Gracias por compartirla también vosotros conmigo.

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    No soy mujer de hacer distinciones sobre hombres o mujeres, así que casi nunca comento o gasto bromas con los consabidos tópicos entre ambos sexos. Somos simplemente personas, que no es poco.

    Admiro profundamente eso sí, a todas las mujeres que a lo largo de la historia han luchado por equiparar sus derechos al de los hombres, y me causa mucha lástima e indignación cuando veo cómo puede haber todavía países en que las mujeres estén relegadas a tan bajísimos o nulos planos.

    Pero hay una cosa en que sí somos completamente diferentes. Y creo acertar si digo que la inmensa mayoría de féminas piensa lo mismo. Y es que ‘el hombre nunca se pierde’, y por eso no necesita ni necesitará jamás de los jamases, preguntar una dirección. No sé si es una cuestión de vergüenza, o por el contrario de orgullo. O simplemente es una cuestión de “sus mismísimos”. Pero lo que está claro es que en este aspecto son más chulos que un ocho.

    Cuántas veces, ya perdidos en cualquier lugar y a punto de gritar de desesperación, le hemos dicho a nuestro marido, novio, amigo o lo que sea, como quien no quiere la cosa y con voz suave y melodiosa, ¿y si preguntáramos? Ah!!!. Qué tontería preguntar, te contestan. Ellos saben perfectamente cómo se llega y dónde están. A mí por ejemplo, me han llevado por no querer preguntar, en lugar de a la inauguración del fantástico Museo Can Prunera de Sóller, -después de pasar tropecientas veces por los mismos lugares-, directa a la entrada del cementerio de dicha localidad. Y yo casi con lágrimas en los ojos y con voz de cordero degollado, decir: ¿no crees que no es aquí? Contestación: pues coge tú el volante y a ver si lo encuentras. Y al final llegar, eso sí, pero una hora tarde y con una cara hasta el suelo por las ‘perlas’ con las que nos hemos obsequiado conductor y copilota.

    Y en las tiendas y sobre todo en las grandes superficies? Esa es otra. La otra tarde había quedado con unas amigas para tomar una copa, y mi amiga Tere venía descompuesta. Le preguntamos qué le había pasado y la pobre nos dijo que después de una tarde agotadora en su trabajo, su marido le había pedido que la acompañara a comprar ropa interior a unos almacenes.

    Cuando llegaron, ella sugirió pedir ayuda a una dependienta que amablemente les sonreía. Contestación del marido: ‘Sé perfectamente dónde están los calzoncillos y los calcetines’. Lo debía saber perfectamente pero se pasó media hora buscando color, talla, maldiciendo en arameo y diciendo que le habían cambiado las cosas de sitio.

    Tere aguantó estoicamente, le intentó ayudar, pero contestación: ‘no hace falta que me ayudes, no soy tonto’. Bueno, ya habían encontrado los calzoncillos y ahora tocaba los calcetines. Tere viendo lo que se le volvía a venir encima y con un agotamiento supino le vuelve a sugerir pedir ayuda. Contestación: ¿No voy a ser capaz de encontrar unos calcetines de lana ‘punto blanco’. Pues no…no fue capaz y mientras la sufrida Tere escuchaba por megafonía: ‘Si no encuentra lo que busca estaremos encantados de ayudarle’, se mordía la lengua por no morderle a él directamente y sin anestesia.

    Al final la solución fue ir a buscar a la señorita sonriente, la cual en un plis plas, (para sorpresa del marido/ego/todo-lo-encuentro), encontró el color, talla, largo y con una amabilidad encomiable.

    Cuando terminó de contarlo. Todas le dijimos al unísono y a coro: Es que no sabes que los hombres nuncaaaaaaaaaaaaaaaa preguntan. Y nos pusimos también a reír y a pasarlo pipa, mientras nuestra amiga Tere nos prometía que nunca jamás volvería a cometer ese error tan garrafal!. Palabrita del Niño Jesús.

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