• Como sobrevivir al encendido de las luces de navidad

    Luces de navidad en Palma

    El pasado 3 de diciembre se procedió al encendido de las luces de navidad de las calles de Palma.

    Se había retrasado algunos días con respecto a otros años, debido a que la nueva Concejala de Participación Ciudadana de nuestra ciudad, quería que no coincidiera en día laborable, para que así tanto niños como mayores pudieran disfrutar de las actividades programadas para tal ocasión. 

    Textualmente había dicho a los medios: ‘Se ha trasladado unos días y del viernes al sábado, para aportar muchísima más motivación a las familias que vendrán a pasar todo un día en Palma’.

    Así que allí me tenéis en el centro de mi ciudad, en pleno Borne, yo solita con mi cámara esperando el encendido de las luces que van a adornar  nuestras principales calles.

    Craso error amigos míos. 

    Realmente allí no había familias que fueran a pasar un día en Palma. Allí estaban ‘todas las familias de Mallorca’. Os lo aseguro. Son muchos años que me paseo ese día, cámara en ristre y con varios objetivos, intentando captar instantáneas curiosas y además originales. 

    Y tantas multitudes jamás las vi yo, ahora hablo cual Don Quijote de la Mancha y es que estoy leyendo por las noches fragmentos en su boca, de la pluma del Maestro Cervantes, y por cierto, me están entusiasmando.

    Habían instalado en el Paseo del Born, un escenario para que se procediera mediante un ‘simbólico enchufe’ al encendido de las luces.

    Al mismo tiempo que simpáticos personajes subían, cantaban, se paseaban por las vías principales, acompañado de pasacalles, para la atracción de los niños.

    El problema es que los niños suelen ser ‘bajitos’. Eso pasa en las mejores familias. Y allí los ‘bajitos’ no veían nada. Total, que mayoritariamente sus padres los cogían en brazos o los subían en caballito sobre sus hombros. 

    Mal asunto, pues la madre que no podía subirse al niño en sus hombros y que estaba detrás del que se había subido, empezó a quejarse pues llevaba la pobre hora y media con sus dos niños pequeños, sentaditos en la acera de delante de una farmacia, y los pobres con tanta altura no podían ver nada. 

    Allí yo me tuve que callar pues nadie me había dado vela en ese entierro, pero ganas me entraron de meter baza, me contuve, ya que yo me había cogido una esquina preciosa, la misma que conocía de años anteriores y por tanto muy querida por mí, con ello ya tenía de sobra para mis objetivos, nunca mejor dicho.

    Pues en cuestión de ‘madres/padres con rorros’, es mejor no meterse a no ser que lleves tú uno de la mano, en cochecito, en brazos o en los hombros. Entonces, estarás en igualdad de condiciones. Pero la cámara fotográfica a pesar de llevar la mochila a la espalda y que pese lo suyo, no cuenta. Y no das ninguna pena cuando pides pasar, adelantarte, enfocar o lo que sea. No tienen conmiseración alguna. 

    Lo digo por experiencia.

    Así que viendo el panorama y la cantidad de gente que había, los lloros de niños porque el globo que habían visto hace un momento, que su progenitor quería comprarles ya no quedaba, y el ‘globero’ ofrecerles mil más y seguir los lloros, y ver que otro niño berreaba porque no veía nada y el padre enfadado porque el árbol se lo tapaba….etc, etc, y miles de etcéteras más, opté por irme cabizbaja, sorteando como pude los cientos y cientos de familias que me iba tropezando bajando en contra mío.

    Antes de llegar a mi casa, aprovechando ‘la coyuntura’, me paré en una chocolatería buenísima de mi querida Palma y me tomé un heladito con un cuarto, que estaban de requetechupete…. lo del chupete en honor de todos los rorros que no pudieron ver nada, porque la tarima que había instalado el Ayuntamiento no estaba bien calculada y era excesivamente baja.

    Así que después de eso, llegué a casa y cuando me quité mi abriguito de lana con capucha que había cogido para tan esperada ocasión, me di cuenta de que tenía un palito de piruleta pegado en la parte de atrás de la misma, y cuando casi gritando del soponcio de pensar que ‘ese pringue no se va con nada’, y estoy frotando, veo que en la capucha hay un resto de sugus, de naranja para ser más precisos, todo pegajoso, dentro de la misma. 

    Horror, me dije: ‘desgracia: bendita seas si vienes sola’. No vino sola, pues el ‘bendito niño’ que escupió su sugus ya ‘chupao’ en mi capucha, debió tener un padre o una madre que primero lanzó el papel dentro de la misma. Y ya se sabe…hay que dar ejemplo. Así que el niño debió ver la ‘papelera’ que utilizó su progenitor, y siguió su ejemplo cuando se cansó de lamer. Pues que gracia. Vamos a ver si en la tintorería pueden con tanto subidón de azúcar, pues si no, ya me veo la capucha pegada cual ‘superglu’ por los siglos de los siglos.

    Por eso me voy a permitir daros unos consejos para sobrevivir al encendido de las luces de navidad, que puedan venir los siguientes años y que esperemos sean muchísimos:

    1.- Si sois personas ‘singles’, es decir, ‘si vais por libre’, ya ni os planteéis el ir. 

    2.- Si sois personas con pareja, sin hijos, dedicaros a cosas mejores: ir al cine, merendar o pelar la pava, pero olvidaros ese día del centro de la ciudad.

    3.- Si sois pareja con bebé, no vayáis. El bebé es demasiado pequeño para apreciarlo y vosotros, aunque tengáis carnet de conducir, no es compatible ni está homologado para ir con cochecito por aceras o calles con aglomeraciones.

    4.- Si sois pareja con niños no bebés, que ya caminan, igualmente no vayáis. Disfrutarán un segundo, pero se quejarán los ciento diecinueve mil restantes, llegaréis a casa enfadados los mayores y berreando los pequeños.

    5.- En los cuatros casos anteriores, es decir, el 1, el 2, el 3 y el 4, optar por esperar unos días, ir tranquilamente otro día de la semana, hasta llegar al Borne, llegaros a Cort, mirar su Belén, disfrutar de todas las luces, haceros selfis, y terminar tomándoos un buen chocolate con ensaimada en nuestras deliciosas chocolaterías.

    Llegaréis relajados, tranquilos, el niño o niños contentos y lo que es más importante, cenados y directos a la camita.

    Es un consejo de una superviviente de este año al muy cacareado, y poco práctico encendido de navidad de mi querida ciudad.

    Lo siento, pero lo del sugus me ha llegado al alma. He sido la mayor consumidora de sugus del mundo mundial. Pero jamás de los jamases desde que tengo uso de razón he tirado alguno al suelo. Y por descontado a capuchas de transeúntes.

    Un sugus es demasiado bueno para desperdiciarlo

    Ah!, mi queridísimo abrigo con capucha! ¿Qué será de él? Ya os lo contaré. Qué nervios, mami!.
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